Proyectos en Ruta > Personal > Capacidad de asombro

Capacidad de asombro

Mantener la capacidad de asombro al viajar

viernes, 1 abril, 2016
alegría

Una vez me sorprendí a mi misma pensando que cuanto más viajara menor sería mi capacidad de asombro. Y me dió “miedo”, miedo de perderla. Yo no quería, bajo ningún concepto, dejar de sorprenderme, llegar a un sitio y “no sentir” nada especial. Obviamente, conforme más sitios conozco, es como si el listón estuviera cada más alto, inevitablemente las comparaciones siempre aparecen, esta playa no es tan paradisíaca como aquella que ví en no sé donde, esta montaña no me parece tan imponente como esta otra, estas cataratas son más espectaculares, etc y así podría seguir con una larga lista. Es cierto que tal vez con el tiempo y con la “colección” de paises conocidos, en algunas cosas esa capacidad de asombro se vea disminuida, es inevitable. Sin embargo, esa misma capacidad de asombro crece y crece con otros aspectos tal vez más importantes.

En este viaje, en el que llevamos 7 meses recorriendo y conociendo algunos países asiáticos, esa capacidad de asombro no sólo no ha disminuido sino que más bien todo lo contrario, se ha vuelto inagotable. Es curioso cómo en estos meses mis “prioridades viajeras” han cambiado. Antes cuando viajaba durante 3-4 días, 15 o como mucho un mes, sentía la “necesidad” de ver el mayor número de cosas posibles, los que me conocen saben que con antelación me preparaba el itinerario y recorrido de lo que sería un gran viaje, con mi guía Lonely Planet bien tuneada, llena de marcadores de colores, señalando cada cosa “importante” que ver, intentaba abarcar el mayor número de cosas y sitios posibles en un corto espacio de tiempo. Y eso no está mal, creo yo, de hecho imagino que el siguiente viaje “corto” que haga volveré a hacerlo 😉

Pero viajando de este modo, por largo tiempo y sobre todo viajando lento, el “cuento” cambia, y mucho. Ya no me importa si de un país dejo de ver o conocer alguna ciudad que se considere fundamental, si dejo de visitar este u otro templo, si desconozco el nombre de esa Pagoda, etc. Todas estas cosas, por supuesto, siguen gustándome pero como decía antes las prioridades han cambiado, y mucho. Ahora prefiero pararme a observar la vida diaria de la gente, vidas tan distintas, vidas y rutinas mucho más duras que las nuestras. Me sorprendo constantemente y cada vez más de la capacidad de sacrifio que tienen por esta parte del mundo (y por otros tantos países). Me atrevería a decir que son incluso más felices que muchos de nosotros, que lo tenemos todo, que tenemos tantas comodidades, que damos por hecho tantas cosas y rutinas diarias como “normales”, como el simple hecho de abrir el grifo y que salga agua, o dar al interruptor y que se encienda la luz y tantas cosas más. Me maravillo viendo miradas de ancianos con la piel curtida por el trabajo en el campo, las sonrisas y abrazos de niños que viven en situaciones tan díficiles, la amabilidad y generosidad de gente que apenas tiene nada, la humildad, la sencillez, la humanidad.

Y justo estos días de viajar lento, bien lento por Laos, he tenido la oportunidad de disfrutar de su gente, de sus tímidas sonrisas. La oportunidad de “observar” la vida apacible en pueblos rurales, donde parece que la vida se ha detenido, o igual es más bien todo lo contrario, donde parece que la VIDA se manifiesta en todo su esplendor, así, con mayúsculas. Donde los niños juegan descalzos, llenos de polvo hasta los dientes, donde todos parecen contribuir al bienestar de la comunidad, donde puedes encontrar a una anciana de “maś de 200 años” cortando leña en pequeños trocitos, donde un vecino del pueblo cose en la misma calle, donde mujeres charlan amigablemente en las puertas de sus casas, donde se vive feliz. No son países pobres, suelen tener las necesidades básicas cubiertas, son más bien países “en vías de desarrollo”, y ante esta expresión yo me pregunto: ¿No será que el “anhelado desarrollo” no es tan imprescindible? ¿Acaso esta gente necesitan mucho más para vivir felices? No sé…son sólo reflexiones que me dan por hacerme de vez en cuando. Obviamente son impresiones y opiniones personales.

Sin duda la “Lauri” que salió de casa hace 7 meses no es la misma, o seguramente sí. Cuando regrese seguiré con mis mismas inquietudes(puede que incluso con algunas más), con mis proyectos, con mi entusiasmo (a veces desmesurado, jejeje) por todo lo que me apasiona, con mis miedos, mis dudas, mis ganas, mis frustaciones, mis esfuerzos, mis metas, mis risas, sonrisas y mis momentos “menos happy” 😉  con todo lo que en definitiva soy, pero algo, en el fondo, será distinto, y me alegro enormemente de todo lo que este viaje y esta experiencia “está haciendo por mí” 😉 Me alegro de haber tenido la valentía de “dejar de lado” por unos meses mi día a día. Quién sabe que nos espera a la vuelta……cositas bonitas, seguro!

Este viaje está siendo muy especial por muchas razones, y una de ellas sin duda es porque ha hecho que mi capacidad de asombro no muera, porque aprendo cada día de la gente, porque cada día recibo “lecciones de humildad”, porque el aprendizaje y el enriquecimiento son constantes. Ojalá esta capacidad de asombro no la pierda cuando regrese a España y sea capaz de valorar, con asombro, esas cosas que hacemos cada día, casi por inercia. Que sea capaz de asombrarme, aún más, del fotogénico atardecer gaditano, de apreciar y valorar cada plato de comida, de saber demostrar a “mi gente” lo importante que son para mí, de ser capaz de hacer la vida de los que me rodean aunque sea un poquito más bonita. Ojalá todos tengamos esa capacidad de asombro en cada cosa que hagamos. Con sonrisa bien grande. 🙂

yo

atardecer

Besitos a todos, y gracias por “leerme”.

Se os quiere. Mucho!

 

Compártelo:

Etiquetas: