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El controlado caos de Katmandú

Os contamos nuestras primeras impresiones de Katmandú después de pasar cuatro días sumergiéndonos de lleno en esta frenética ciudad.

miércoles, 9 septiembre, 2015
ojos de Buda

Empezamos por el principio. Namasté.

Después de cuatro días sumergidos de lleno en este caos controlado que es Katmandú, por fin encuentro unos minutillos de calma, en un bar del que se puede decir que somos ya asiduos, para poder escribir y compartir con vosotros nuestras primeras impresiones de esta frenética ciudad.

Son tantas las cosas que llaman nuestra atención y tantas sensaciones que me resulta difícil resumirlo, pero ¡allá voy!.

Empezaré por el primer momento «viva la gente» que tuvimos nada más llegar a la ciudad. Resulta que el taxista que nos llevó del aeropuerto hasta nuestro hotel se equivocó ligeramente y al bajarnos del taxi nos vimos un poco perdidos en medio de Thamel, el llamado barrio mochilero, con su media docena de calles a rebosar de cientos de hoteles y negocios variopintos. Entramos en una tienda de música, totalmente cautivadora por cierto, para preguntar por la calle de nuestro hotel y de repente hubo todo un despliegue de medios para ayudarnos. La simpatiquísima señora de la tienda nos ofreció su móvil para llamar al hotel e involucró a los tres o cuatro compañeros de comercios adyancentes para ayudarnos. Aquí es donde podemos confirmar la amabilidad de la que todo el mundo habla. Pues bien, tras aproximadamente media hora de espera escuchando música de la buena aparecieron dos chicos de nuestro hotel y nos acompañaron caminando hasta él. Aquí es donde empiezo a defenderme en inglés. Tras acomodarnos en nuestra habitación nos echamos a la calle con ganas de ver.

Una de las cosas que sin duda llama nuestra atención es el tráfico tan brutal que hay, como diría aquí mi compi, un auténtico disparate. Yo creo que no he visto en mi vida más motos juntas en acción que en estos días. Una cosa está clara y es que los nepalís son unos auténticos cracks conduciendo. El primer día íbamos super pendientes del tráfico, mirando aquí y allá, poniendo los cinco sentidos e incluso alguno más para cruzar o simplemente para caminar, y después de tan sólo cuatro días no es que no nos andemos con cuidado pero si que es verdad que se va con otra «tranquilidad», hemos podido comprobar el dominio bestial que tiene esta gente controlando las distancias laterales, lo que a simple vista es un accidente seguro se convierte en un simple «uy que poquito ha faltado», jejeje. Y de aquí el denominado «caos controlado».

Y si a las motos le sumamos los coches, los rickshaws, los autobuses, camiones, taxis, unos cuantos perros descansando en medio de la carretera, una vaca que pasea tranquilamente ocupando un teórico carril, bicicletas y carros cargados con las más inverosímiles mercancias, como bombonas de butano, animales, cientos de docenas de huevos y un largo etcétera, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que cuando  lleguemos a Cádiz cruzaremos la Avenida y el Paseo marítimo con una destreza digna de un elevado «nivel dios», jajajaja.

tráfico en Katmandú

Otra cosa característica es el tema de la electricidad. Diariamente hay cortes programados de luz de entre ocho y dieciseis horas, pasando el suministro de unos distritos a otros cada ocho horas, debido a que la demanda de energía supera la capacidad de producción del país. Este problemilla se da mayormente en las grandes ciudades, sobre todo en invierno, cuando el nivel de los ríos baja y la producción hidroeléctrica disminuye. Más llamativo aún que los cortes de luz son las conexiones. Viendo los postes de electricidad parece un milagro que todo el mundo tenga luz en el barrio. Y digo yo que además de ser buenos conductores estos nepalíes deben ser también unos fantásticos electricistas porque «a ver quien es el gracioso que hace un empalme aquí».   😉

postes de luz

Y por último esta el tema de la contaminación, y me quejaría yo del humito del tabaco de mis padres, jajaja. Llama la atención el ver a tanta gente usando mascarillas pero esto se entiende perfectamente tras pasar un par de días caminando por las calles de Katmandú. Se dice que «donde fueras haz lo que vieras», pues eso mismo hemos hecho nosotros y nos hemos «calzado» nuestras mascarillas para no desentonar, jejeje.

mascarillas

De este pequeño resumen de nuestras primeras impresiones sólo podemos sacar buenas conclusiones y es que los nepalíes son gente encantadora, siempre con una sonrisa y dispuestos a echarte un cable, que son buenos electricistas y además unos «Fernando Alonso de la vida» y que son capaces de vivir en armonía y felices en medio de este caos controlado.

Hasta aquí por ahora amigos. En cuanto tenga otro huequito os hablaré de estos cuatro días de turismo que hemos pasado visitando plazas, barrios, templos y pueblos del Valle de Katmandú.

Namasté.

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