Proyectos en Ruta > Kilométrico > Ruta por el Phewa Tal con subida a la Pagoda de la Paz Mundial

Ruta por el Phewa Tal con subida a la Pagoda de la Paz Mundial

Ruta desde Pokhara ascendiendo a la Pagoda de la Paz Mundial y regreso bordeando el lago.

sábado, 26 septiembre, 2015
atardecer en el lago

El Phewa Tal, para que os hagáis una idea, es el segundo lago mas grande de Nepal, que nadie me pregunte cual es el primero porque no tengo ni idea, jajaja.

Phewa Tal

Y la Pagoda de la Paz Mundial, construida por monjes budistas de una organización japonesa para promover la paz mundial, se encuentra en lo alto de una colina sobre el lago.

Pagoda de la Paz Mundial

El despertador suena temprano. Hemos quedado con Isabel y Jose (Pérez) a las 8 en Tara’s Restaurant, un pequeñísimo local al que vamos todos todos todos los días a comer y del que os hablaré en otro momento. Eso de que el mundo es un pañuelo es una verdad como un templo. El día anterior nos encontramos de pura casualidad justo en este local con ellos, nosotros íbamos a tiro hecho porque la noche anterior nos llamó la atención este sitio, y ellos estaban allí comiendo con su guía nepalí, Sharuk. Para que entendáis bien la casualidad de encontrarnos en este sitio es importante señalar que esta zona de Pokhara, the lakeside, está abarrotada de tiendas, hoteles y bares, y este en concreto se encuentra en una de las calles laterales, más bien escondido y difícil de encontrar si no sabes donde está. Nos dio una alegría enorme el volver a encontrarnos con ellos. Como ya os conté, los conocimos en el aeropuerto de Abu Dabi donde el vuelo hacía escala, y pasamos con ellos el día que fuimos a Bhaktapur. Echamos juntos unas cervecitas y quedamos con ellos al día siguiente para hacer la ruta.

tomando té

Con Isa y Jose

Según la guía lonely planet existen tres formas para acceder a la Pagoda: una considerada como el camino fácil (20 minutos) mediante un bus (esto no nos mola nada), otra como camino directo (1 hora) mediante un paseito previo en barca desde Lakeside hasta el inicio del camino, que asciende por unos peldaños de piedra tallados en la ladera, y una última opción, denominada por la guía como “ruta pintoresca” (2 horas). Pues bien, ninguna de las 3 nos parecía suficiente y para variar, una vez más nos metimos entre pecho y espalda una buena pechá de kilómetros a pesar del sofocante calor que hacía.

Comenzamos andando toda la avenida principal de lakeside hasta llegar al aeropuerto de Pokhara, desde allí seguimos por carretera hasta el camino de acceso para ascender a la Pagoda, a la que llegamos tras 3 horas de caminata, atravesando plantaciones de arroz y varias casitas aparentemente sin terminar. A mi personalmente la Pagoda no me entusiasmó demasiado y tras comentarlo con el resto del grupo parece que no era la única. No sé,me pareció muy “desangelá”, como que no transmitía nada. Por el contrario, lo que si mereció la pena, y mucho, fueron las espectaculares vistas del lago, del Machapucharre (única montaña que no se puede escalar en Nepal por considerarse sagrada) y de todo el macizo de los Annapurnas, que asomaban de vez en cuando entre las nubes, siempre presentes en este monzón que no termina de irse.

Machapuchare

vistas del lago

Pagoda

vistas del lago

Annapurnas

Antes de empezar a bajar por derecho hicimos una parada en un sitio que Isa tenía muchas de conocer desde hacía tiempo. Se trataba de un hotel en lo alto de la colina, casi a la altura de la Pagoda, con unas vistas espectaculares y con tratamientos ayurvédicos, que es lo que verdaderamente le interesaba a ella. La pena fue que el médico que realizaba los tratamientos se encontraba en India, estudiando. Así que estuvimos hablando largo rato con el dueño, explicándonos como la gente (occidentales mayormente) iban a pasar cortas o largas temporadas allí, comiendo cositas de la huerta, dando largos paseos por la montaña y disfrutando sin más de ese entorno tan cautivador y relajante. Nos enseñó las monísimas habitaciones, todas decoradas con sobriedad pero con un gusto exquisito. Algunas tenían incluso una especie de terraza, ideal para hacer yoga. De no ser por nuestro presupuesto austero y por la duración de nuestro viaje, sin duda nos habríamos quedado al menos una semana, y es que no era caro en absoluto, si mal no recuerdo 24 dólares la noche. Lo que empezaron siendo unas cervezas bajo el fuerte sol se convirtió en una agradable y rica comida bajo la sombra de un árbol.

cerveza nepalí

vistas

Tras esta buenísima comida empezamos a bajar con “to” el calor típico de las 14.00 pm y con “to” la morriña característica de después de comer. Vamos ¡a la fresquita! jajajaja. Todo un “lujo”. Empezamos bien, con ganas y fuerzas a pesar de la hora, pero al rato la bajada comenzó a hacerse más empinadita y lo que era peor, más resbaladiza. Los que me conocen saben de mi prudencia excesiva en la montaña (y en otras tantas cosas), jajaja, los que no lo sabían tanto eran Isa y Jose (yo imagino que estarían alucinando conmigo y pensando para ellos ” ¿y esta quiere hacer el trekking de  los Annapurnas?  😉 “. En fin, que bajé como pude, despacito y con buena letra, pero como siempre, bajé. Íbamos preguntando a la gente por el camino, porque no parecía estar muy bien señalizado, que si donde está  Pumdi, que si dónde está Margi y Pame Bazaar, y tras otras 3 horas de bajada, atravesando terrazas, casas de campesinos repletas de cabras, gallinas, perros descansando (aquí todos los perros están “revoleados” en las calles) y bajando en ocasiones por sitios inverosímiles, fuimos poco a poco aproximándonos a la otra orilla del Phewa Tal, no sin experimentar, por primera vez en mi vida, desagradables encuentros con sanguijuelas, esos bichos pelín asquerositos que están al acecho y que se meten hasta por los agujeritos de las zapas. Tuve que quitarme 5 de tamaño ya considerable, que estaban “chupándome la sangre” literalmente hablando, las muy antipáticas.  😉

Tras llegar finalmente a Margi, un pueblo diminuto a la orilla del lago, nos tocó andar otro rato por unos arrozales hasta llegar literalmente al agua. Llegados a este punto y con cara de “haba” incluida, sólo teníamos 2 opciones, darnos la vuelta desandando lo andado, o nadar los nada apetecibles 20 metros que nos separaban de la otra orilla. Justo en ese momento, apareció de forma oportuna un hombre con una pequeña barquita dispuesto a pasarnos al otro lado del lago, previo pago, pelín execesivo comparándolo con el precio local. Dadas las circunstancias, ya habréis imaginado cual elegimos, ¿verdad?. Desde allí continuamos caminando ya por la orilla del lago hasta lakeside, donde nos tomamos unas cervecitas antes de despedirnos de nuestros nuevos y queridos amigos, acompañados de un precioso atardecer en el lago.

orilla del lago

barca en el lago

Phewa Tal

lago

atardecer

atardecer

Acompañamos a Isa y Jose al taxi que los llevaría a casa y nos dimos grandes y sinceros abrazos despidiéndonos con un “estamos en contacto, suerte y nos vemos en España”, cosa que no dudo en absoluto. Además Isa me regaló un monedero ideal donde guardamos nuestras miles y miles de rupias ;).  Muchas gracias guapa.

Ya en el hotel, y tras la ducha, empezaron a sangrar los 5 puntos donde me había quitado las sanguijuelas, eran un no parar. Tuve que rodearme el tobillo con papel higiénico a modo de torniquete, una, que tiene recursos, jajaja.

Y para finalizar este día tan completito tuvimos una charlita con la familia via Skype. Era el cumple de mi mami, me había llevado todo el día en la montaña sin wifi y me moría de ganas por felicitarla y ver si le habían gustado los regalitos que le había dejado preparados antes de irme. Aunque ya la felicité en su día, lo hago de nuevo por aquí:¡ FELICIDADES MAMI! Muchos la conocéis, pero para los que no tienen el gusto os diré que es la mejor mami del mundo y que se merece lo mejor 😉

Hasta aquí nuestra primera ruta kilométrica, de la que no sabemos con exactitud los kilómetros, ¿cómo es posible que ni Mario ni yo llevásemos puestos nuestros Garmin?, con lo que nos gusta a nosotros un contabilizar kilómetros. Haciendo cálculos creemos que la ruta rondó los 25 kilómetros.

Os seguiremos contando cositas, muchos besitos a todos y muchas gracias por leernos, lindos.

Compártelo: